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Una institucion acetista
* Don Benjamín Varela
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DON
BEJAMÍN VARELA
Una
Institución Acetista
A sus 93 años, Don Benjamin Varela, uno de los dos sobrevivientes
de los fundadores de ACETA, es un hombre con algunas dificultades
físicas, propias de la edad, pero de una lucidez que envidiaría
una persona de mucho menos edad. En su residencia de la calle 10,
en donde funciona el negocio de toda la vida en San Cristóbal "Almacén
Atlántico" que en 55 años ha tenido cuatro sedes, hablamos con éI
para insertar en esta revista algunos de sus recuerdos y añoranzas.
Me acompañaban su amigo de muchos años, Don Antonio Torrealba y
el reportero gráfico Fabián Hemandez. Con la amabilidad característica
de las gentes de su época, nos hizo pasar de su almacén, el que
hoy debe ser mucho menos que en los años de prosperidad, al recibo
de su residencia que esta dentro de la misma edificación. Fue una
charla abierta, amena, salpicada de anécdotas y apuntes de humor,
que hicieron que el tiempo se nos pasara más rápido de lo que uno
quisiera. Don Benjamin comenzó por contarnos que se inició como
comerciante en El Cobre, su lar nativo y que heredó de su padre
la actividad. Al llegar a San Cristóbal por allá por 1943, compró
La Roca, un almacén dedicado a la ferretería que él cambió por telas,
porque era lo que había manejado en El Cobre y Porque le gustaba
más. "Ese capricho confesa hoy me privó de haber sido un hombre
con mayores posibilidades económicas. Pero no me quejo, porque el
destino se lo labra cada cual y he sido feliz, con mis tres hijos:
dos hembras y un varón" Lo primero que hizo al comprar La Roca,
fue cambiarle de nombre y le puso Almacén Atlántico. Dijo que no
había una razón especial. La negociación la hizo con Antonio Ramón
Rivas. Luego llenó los estantes de telas nacionales e importadas
que traía desde Caracas. El almacén se ubicaba en la manzana del
mercado cubierto, al exterior de la carrera 6 frente a la Casa Julio
y Casa Serizawa. Cuando prendió en llamas el mercado y se consumió
todo, Don Benjamin se trasladó al sitio en donde funcionó la Flecha
Roja, almacén que él le compró a la vicer el recuento de su vida
de comerciante, el señor Varela recuerda que compraba telas a Telares
Los Andes, Palo Grande, Valencia, Carabobo. En los primeros años
había menos competencia y de pronto mayores posibilidades de venta,
pese a la bonanza de años posteriores, debido a la aparición de
muchos establecimientos dedicados al ramo. Cuando trae a su mente
los recuerdos se trata de confundir y dice que hay memoria larga,
que es la que recuerda las cosas que pasaron hace mucho tiempo y
la memoria corta que se olvida lo que pasó el día anterior o en
dónde dejó los anteojos que los tiene sobre la cabeza. Dice que
su actividad de comerciante le ha sido generosa, pero en no pocas
oportunidades ha tenido serias preocupaciones y hasta sufrimientos.
"Mi padre que me indujo en este negocio, tenia en El Cobre una especie
de bodega gigante que vendía desde un clavo, hasta las mercaderías
más exquisitas que los campesinos, quienes abastecía, requerían.
La II guerra mundial enriqueció a muchos, pero a otros como en el
caso de Don Benjamín ocasionó dificultades. Una vez llegaron a El
Cobre unos emisarios estadounidenses, que venían a establecer qué
comerciantes tenían negocios con los alemanes. Cuando llegaron a
mí, descubrieron que yo les compraba muchos alemanes H. H. Froh,
Wilt Georgi, Jan Van Groningen, la 12 Steinvorth y otros abastecedores
germanos. Un viajero que tenia gran conocimiento de todo comercio
en el Táchira le pasó el dato de la visita de los americanos y Don
Benjamín se preparó. Los "investigadores" americanos lo interrogaron
sobre si no oia las noticias o las leia, Don Benjamín con habilidad
les dijo que él no tenia radio y que a El Cobre ni llegaban periódicos,
ni sabia leer. Fueron mentiras piadosas que los espías creyeron
a pié juntillas. Pero la cumbre de todo fue cuando lo amenazaron
con ponerlo en la lista negra y él demostrando una gran ingenuidad,
les replicó "¿Y eso qué es?. Esa actitud de Don Benjamín libró a
los demás comerciantes, pues los americanos se fueron con el argumento
según el cual "aquí no saben distinguir entre el bien y el mal"
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